Batalla de Placilla

Buscar
Vaya al Contenido

Menu Principal

Presentación

   


          Consciente de que no podría estudiar y conocer a fondo todos los hechos de la Revolución de 1891, decidí enfocarme en un momento específico de su historia: la Batalla de Placilla. Elegí Placilla porque fue la batalla decisiva de la revolución, como también la más cercana a mi quehacer diario.         

       Placilla tendría que enseñarme qué sucedió en un acotado espacio el 28 de agosto de 1891, durante tres horas de acción bélica. Entender qué pensaban sus líderes, qué locuras y delirios pasaron por sus mentes, para que veinte mil hombres que simbolizaban y representaban a la Nación de ese instante, pudieran realizar tales proezas de arrojo, mezcla de valentía y alucinación, donde el significado de las palabras Libertad, Constitución y Gobierno, estaban por definirse.
     
        Una vez leído y comparado todo el material que pude encontrar sobre el tema, estaba preparado para iniciar la aventura.

        Fue una mañana de domingo, en agosto del 2007, cuando partí a Placilla por San Roque, antiguo camino de Valparaíso a Santiago. El mismo por donde en aquella época subió la Artillería y parte de la Infantería de los llamados Gobiernistas, quienes defenderían Valparaíso del ejército Congresista en los Altos del Puerto.
      
       Mientras, los Congresistas venían a Placilla desde Concón,  pasando por Viña del Mar girando hacia Quilpué, tomando el antiguo camino a Marga Marga, camino a Lo Moscoso, llegando a Los Molles, siguiendo el camino del fundo El Pequén, subiendo hasta llegar a la Hacienda las Palmas, desde ahí atravesar la llanura, que hoy ocupa el Lago Peñuelas administrado por Conaf, para llegar a las casas de la hacienda Las Cadenas, donde hoy, Esval S.A en comodato, tiene la Planta de Tratamiento de Agua Potable, (frente al control carretero de Peñuelas). Todo, para reagruparse y al día siguiente atacar de madrugada los Altos del Puerto, de Sur a Norte, donde los esperaba el grueso del ejército Gobiernista en posiciones dominantes. Ambos bandos distaban a no más de seis kilómetros.

      En mi recorrido subiendo por Valparaíso, pasadas las últimas tomas de terrenos, con casas agolpadas a ambos lados del camino sin dejar veredas, antes de llegar al Camino de La Pólvora, que corta la antigua ruta a Santiago usada para llegar a Playa Ancha desde la Capital, me detuve a mirar.
       Atrás tenía el Puerto, adelante el antiguo Camino Real hacia Santiago, que en un largo de ochocientos metros divide una meseta casi plana hasta comenzar a bajar a Placilla. Con mi cartografía del Instituto Geográfico Militar y muchas horas de estudio por las noches, empecé lentamente a avanzar. Eucaliptos a la izquierda, a la derecha algunas pocas casas y quintas matizadas con pinos radiata, calamidad traída del Norte que debiera estar reducida a la zona sur del país. Bajo éstos, nada crece.

        Antes de comenzar a bajar, al final a la izquierda me encuentro con un terreno eriazo para contenedores; a la derecha, canchas de tenis dentro de una propiedad de varias hectáreas del Fundo la Chacarilla. Más allá, el Camino de Caracol bajando con su intricado recorrido hacia Placilla: a su izquierda, una profunda quebrada; en el cerro, al frente, antenas de telefonía que hoy no enturbian mayormente el paisaje, han evitado incendios al estar bajo cuidado y contenido la proliferación de poblaciones.

       Terminada la bajada del  Caracol, comienza Placilla. A la izquierda, casas de antiguos vecinos conscientes y orgullosos del lugar que habitan, algunos terrenos sin construir, e inmediatamente la población. A la derecha, la Quinta Compton, último lugar no depredado que debe protegerse, lo mismo que los terrenos aledaños al camino y al estero de Placilla, sector donde tuvieron lugar algunas acciones de batalla relevantes.
Al retorno, me interné buscando senderos, tratando de intuir por dónde habría elegido subir un soldado de infantería, para llegar a la meseta defendida por magníficas posiciones naturales.
    
      La semana siguiente, el sábado por la tarde, habiendo analizado y buscado cuanto antecedente pude reunir, me encaminé nuevamente al lugar, esta vez, por el lado opuesto, desde Santiago a Valparaíso. Entre lo recopilado destacan desde fotos antiguas, crónicas de la época, consultas a cuanto distinguido personaje que de una u otra forma supiera algo por sus antepasados, hasta el apoyo de antiguos planos y cartografía digital.
    
          Aunque no hay un sólo recordatorio de la batalla, al llegar a los pies del cerro tuve la certeza de que en un radio no mayor a mil metros había tenido lugar la acometida. No existía mejor punto para defender, arriba una meseta con una loma en el centro para proteger la caballería, terrazas naturales para instalar la artillería y profundas quebradas que bajan casi paralelas en todas direcciones como un abanico. Un paisaje que permite, como rutas únicas para subir, a los cordones centrales de las hondonadas y el camino de Caracol, que dejaba expuestos a disparos, durante todo su trayecto, a los infantes que ascendían.
   
        Comencé a remontar a paso lento. Sin conocer el lugar, en muchas ocasiones tuve que retroceder al encontrar obstáculos naturales imposibles de sortear. La solución era cruzar a la quebrada inmediata y caminar por su lomaje o hacerlo por su fondo. Imaginé cuán inseguros se sintieron los soldados que por allí pasaron, expuestos por ambos flancos y frente.

        Los árboles plantados después de 1891, eucaliptos y pinos en las escarpadas subidas, producen lúgubres sombras y peligrosas trampas. Los eucaliptus con los incendios dejan filosas astillas como trampas de osos, capaces de atravesar el cuerpo de un caminante que cayera sobre ellas al tropezar con las innumerables ramas de pinos que el fuego y el viento dejan esparcidas.
       Existen aún algunos renovales de boldos, litres, peumos y canelos que tratan de salvarse de la acidez de los Pinos y sus incendios en épocas de verano, reliquias de la depredación, que aun conservan en sus alrededores, vestigios de la batalla y de los combatientes de ambos bandos.
      Al ascender hasta la meseta, llego a la última posición de los defensores, 200 metros más atrás estaba el alto mando Balmacedista, 200 más, a la derecha la artillería del coronel Fuentes,  a 430 metros de altura.
  
      Estaba en estos avatares y reflexiones, cuando el sol comenzó a ponerse. En invierno pasadas las 5 pm, en las quebradas de Placilla, las primeras sombras llegan. Entre el follaje divisaba Placilla y gran parte del campo de batalla. Había una leve brisa y un silencio solemne.
      Sentado en una piedra, cansado, traté de imaginar qué sucedió ese 28 de agosto de 1891 a las diez de la mañana, después de poco más de 2 horas de combate. Aquí en algún momento estuvo el coronel Orozimbo Barbosa, más a la derecha Jorge Wood junto a José Miguel Alcerreca. A la izquierda del coronel Barbosa estaba Guillermo Chaparro White con un batallón del Segundo de Línea, (años más tarde director de la Escuela Militar), resistiendo al Séptimo de Línea congresista al mando de Patricio Larraín Alcalde, poco después, director de la Academia de Guerra. Por la derecha Jorge Wood, héroe de Tarapacá, comandante del regimiento Arauco era tomado prisionero, antiguo compañero y subordinado del coronel Estanislao del Canto. El mayor Tulio Padilla al mando de los Húsares ascendía por donde hoy pasa el límite de la quinta Compton y el fundo la Chacarilla, el regimiento Antofagasta congresista lo seguía con su comandante Roberto Goñi a la cabeza. Los Guías por el lado del camino del Caracol y los Lanceros por la Chacarilla más al Oeste, todos arremetían sobre la artillería. Cientos de oficiales y miles de soldados héroes de la Guerra del Pacifico pasaron por aquí, mientras los 500 soldados montados llegaban a una meseta de no más de 2 hectáreas.
 
         Me costó imaginar en este imponente paisaje, a miles de hombres tumbados en el suelo, de los cuales unos 1.600 estaban muertos, enterrados en fosas comunes, en distintas lomas cercanas a este lugar, acompañados de más de un centenar de caballares esperando que algún piadoso les diera el tiro de gracia.
      
        Mi interés era probar en terreno todo lo que tenía en teoría. Me propuse entonces, recorrer los lugares de la batalla, observando el movimiento de los regimientos con ayuda de los vestigios dejados por ellos. Cada objeto recuperado, más el siguiente, harían el mapa de la batalla. Para mi próxima salida, preparé mis mapas, marqué posiciones que creí necesario y propuse según antiguos mapas, la ubicación de los regimientos y sus movimientos durante la batalla y todo lo que para mí fuera de interés. Mis herramientas serían un GPS, una máquina fotográfica, un cuchillo de montaña y un detector básico.
   
         Hice el recorrido partiendo desde las posiciones Balmacedistas, de Norte a Sur, bajando buscando el estero de Placilla. Entré por el sector de las canchas de tenis, por la Chacarilla al inicio de la bajada del camino Caracol, lugar donde en aquella época estaba la artillería del comandante Exequiel Fuentes. Luego de pedir permiso, explicando cuáles eran mis intenciones, comencé la caminata hasta llegar a la cancha de futbol, lugar donde estaba el grueso de las baterías de campaña. Aquí partió el primer disparo de cañón y aquí terminó la batalla con la llegada de la Tercera Brigada, por la izquierda y la caballería congresista por el Poniente, a la derecha.
        
        A los pocos minutos, el detector indicaba la presencia de metales, restos de basurales y chatarras metálicas abandonadas de forma clandestina. Por un sendero menos transitado, a poco andar, comencé a encontrar cartuchos de fusiles Comblain, usados por el ejército Balmacedista, ápices de fusiles Gras, arma usada por ambos bandos y casquillos Mannlicher, arma utilizada casi exclusivamente por los Congresistas. Encontré también muchos cascos y anillos de bronce de municiones de cañones Krupp y espoletas por de cañones. Armstrong de 60 mm de la artillería de Montaña de Concepción Balmacedistas. Minutos más tarde tomaba rumbo sureste por un camino amplio en que hallé innumerables ápices de fusil y muchos casquillos Mannlicher. Después de una hora, doblé al sureste por la ruta que ascendió la Segunda Brigada al mando del coronel Salvador Vergara y algunas compañías del regimiento Iquique de la Primera Brigada.
    
      Sin haber estado antes en estos lugares, de tanto estudiar sus planos digitales y curvas de nivel durante todas las noches, sabía dónde estaba, pero comenzaba a desorientarme. Antes de llegar al estero de Placilla, torcí a la izquierda, tomando el sendero de los acueductos del 1900, hasta llegar al más grande, en el límite de la Quinta Compton con la Chacarilla.
   De regreso, tomé rumbo norte, frente al acueducto grande cerro arriba, a unos 700 metros al Oeste de la casona actual de la Quinta.
       Comencé a remontar y aparecieron los cartuchos de fusiles Gras y Comblain. Al entrar a la Chacarilla nuevamente, trescientos metros más arriba, encontré mas vainas Mannlicher, marcando el paso de Segunda Brigada, sus cuatro regimientos lo usaron.

      Al rebasar las primeras terrazas de la loma, antes de la meseta donde estaba la artillería, encontré cartuchos Winchester 44/40, que eran usados por parte de la caballería congresista (Húsares) y todos los artilleros gobiernistas como defensa cercana de la artillería.
   
    Fotografiando cada cartucho encontrado, marcándolos rigurosamente con el GPS, comencé rápidamente a dibujar y a trazar en mi mente lo que sucedía el día en que se dispararon. Alrededor había abundantes ápices de balas disparadas por los atacantes Congresistas como granizos, casi todos intactos en la greda, excepto los que frenaban en una piedra, marcando la posición de quien los disparó, todos a unos ocho centímetros de profundidad como máximo. El suelo estaba fangoso (el 25 de agosto de 1891 llovió torrencialmente), ayudando a esconder y proteger los restos.   

     La trayectoria de los tiros apuntaban al Norte casi exacto, era un ataque Congresista. Cerca de los plomos había casquillos Winchester calibre 44/40, más de 20, a 1 metro, 15 más, centenares, muy juntos, quienes disparaban eran artilleros que defendían las baterías, (no eran de caballería en movimiento que también usaban Winchester 1873, Húsares. Guías y Lanceros portaban Gras o Comblain), los tiradores se defendían de un furioso ataque.
Fueron estas instantáneas las que me conmovieron. Más allá, algo similar, más varios estopines para cañones, aquí, había una batería de cañones. Ya eran las 17:30 hrs., comenzaba a oscurecer.

    Ese día caminé cerca de ocho kilómetros. Las reliquias encontradas las conservo con mucho respeto, espero poder entregarlas a quien corresponda, con toda la información posible, consciente de que cada una de ellas cuenta una historia.
    Al regreso, siempre subiendo, pasé por la cancha de fútbol de pasto, construida en alto de la meseta, a 200 metros del camino Real. Al poco tiempo, me daría cuenta que a su alrededor y desde ella hacia al Sur poniente, se encontraba apostada el grueso de la artillería gobiernista del coronel Exequiel Fuentes, y un poco más abajo la artillería de Montaña de Concepción. Aprendí también con el tiempo, que subiendo desde cualquier punto desde la Chacarilla por el Este, hasta la entrada de Quinta Compton por el Oriente, en un frente de 2 kilómetros, todas las quebradas desembocan a esta posición, como si se ascendiera a un volcán chato. A las pocas salidas, deduje que por aquí, en este pequeño espacio, habían pasado gran parte de los héroes de la Guerra del Pacifico, junto a lo mejor de los civiles que Chile tenía, combatiendo por lo que consideraban justo, con la convicción de, él que voluntariamente va a la guerra, distribuidos en ambos bandos.

           Después de un año, juzgué que nadie quiere saber que aquí muy cerca, aquí mismo, hay soldados olvidados, todos héroes, de quienes tendríamos que estar orgullosos. Ningún bando perdió la batalla, nadie tiene que dar aclaraciones para referirse a estos heroicos sucesos. Que nación no ha tenido una revolución. Por qué Estados Unidos pudo superarlo? Por qué aun no somos capaces de reconocer esta Batalla como la más importante en nuestro territorio? Dos ejércitos con fuerzas similares hicieron guerra, resolvieron con las armas lo que la política no fue capaz. El tiempo le daría la razón a Balmaceda, con la Constitución de 1925, se volvería a los gobiernos Presidencialistas.
            
     En Placilla, se usaron las mejores armas de la época, se aplicaron tácticas válidas hasta hoy. Eran civiles, del Ejército y de la Armada, todos chilenos, en ambos bandos indistintamente. Todos valientes soldados, no solo fueron héroes después de la contienda, ya lo eran desde Antofagasta hasta Huamachuco. Hoy sus hermosos botones dorados y sus restos permanecen esparcidos por el campo de batalla, pisoteados y olvidados. Alguien tiene que clavar un monolito que a lo menos diga: "Aquí tuvo lugar el 28 de agosto, la última batalla de la Revolución de 1891, entre los que creían tener la razón o la fuerza, los muertos que aquí yacen, merecen saber que sólo Chile triunfó".

     Me puse por tarea rescatar todas las reliquias, antes de que fueran sepultadas por cemento, destruidas por los camiones madereros que año tras año las pisotean o trituran, tractores que destroncan eucaliptos, pinos con sus incendios estivales, los depredadores de tierra vegetal que arrasan con todo, los que hacen deporte fuera de carretera, motos, bicicletas, ladrones de árboles nativos para carbón, cualquier mortal que por ignorancia no sepa dónde está parado, y las constructoras de casas monstruosas, que vienen avanzando desde Curauma, absorbiéndolo todo, dejando bajo el cemento las reliquias de los que allí lucharon. Las casas y el hormigón de las calles frente a la Chacarilla, están terminando el trabajo de los enterradores.
          Adquirí un buen par de zapatos y todo lo necesario para este viaje de más de 500 kilómetros de recorrido, convirtiéndome en un experto rastreador, intentando pensar como lo hicieron los que por allí pasaron en 1891.         
        En el perímetro de un magnífico boldo, siempre acompañado de un litre, recuperamos casi millar de  vainas Winchester disparadas por los artilleros del coronel Fuentes y centenares de ápices de fusiles Gras y Mannlicher dirigidos a ellos. Además, encontramos 40 estopines para cañones y 20 espoletas para los mismos. En medio de éstos, un solitario botón de artillero en cuyo reverso se lee "SMITH & WRIGHT BIRMINGHAM". Habíamos marcado, de paso, la posición exacta de una batería de cañones de campaña del coronel Fuentes.
     
         Los escenarios no son estáticos. En un lugar protegido por la topografía se encuentran diferentes tipos de cartuchos y ápices, indicando que las posiciones fueron ocupadas indistintamente por ambos bandos y en más de una ocasión.
    El intenso trajín del tiempo fue ocultando hasta hoy los casquillos de balas y pertenencias de los soldados. Metros más allá, se encuentran esquirlas de granada de cañón en un radio de varios metros. Cerca desenterramos otra, fragmentada sin detonar. Con paciencia, logramos recuperarla casi completa. Unos metros a un costado, hallamos muchos cartuchos completos sin disparar, de diferentes tipos, generalmente Comblain, de los defensores; otros, disparados sin éxito, de dudosa calidad al menos en los tacos. Los fabricados o recargados en Santiago, Gevelot y Santo, usaron papel de diario sin mucha compresión entre la pólvora y el ápice de plomo, como tacos dentro de los casquillos de bronce. Los tres elementos presentes en el tiro, se unieron para conservar el papel de diario, que después de casi ciento veinte años, al estirarlo con extremo cuidado, dándole la humedad necesaria, se puede leer temas relacionados con la guerra. Resulta sorprendente que después de tantos años enterrados en el barro, hayan podido conservar su tipografía en excelentes condiciones.
    
     La fecha de fabricación de las municiones va desde 1875 en las Comblain, a marzo de 1891, indicado en los casquillos de la munición Mannlicher, llegados a Iquique en el vapor Maipo, en julio del mismo año, único fusil que cargaba cinco balas, con calibre de ocho milímetros, usado por los cuatro regimientos de la Segunda Brigada y sólo por el Iquique de la Primera y Tarapacá de la Tercera.
     
     En enero de 1891, cuando la escuadra Congresista partió al Norte para iniciar la revolución, requisó una partida de cuatro mil quinientos Mannlicher desde un vapor Alemán en la rada de Valparaíso. Estos venían sin munición y no pudieron ser usados hasta el mes de Julio, cuando llegó la munición de Europa.
     
     Al poniente en la Chacarilla, por donde subió parte del regimiento Iquique que cargaba algunas compañías Mannlicher, no todo fue victoria. A los pies del cerro Colorado, en un estrecho desfiladero de dos esteros, quedaron encerrados entre matorrales y quebradas inaccesibles, teniendo que retroceder, dejando decenas de municiones Mannlicher sin disparar, abandonadas o perdidas junto a piezas personales al huir cerro abajo. Metros más arriba, centenares de vainillas Comblain los habían rechazado. Más atrás de estos Comblain, los Mannlicher no existen.
   La Chacarilla y el Colorado también detuvieron a otros regimientos de la segunda brigada Congresista, obligándolos a ir a la derecha, subiendo por donde estaba la artillería del coronel Fuentes, de una pendiente más suave y trincheras naturales para protegerse. Se unieron finalmente al regimiento Antofagasta de la Primera Brigada.
     
     No se ha podido confirmar si existía una pequeña partida de fusiles Mannlicher en el Ejército de Chile, anterior a los cuatro mil quinientos sustraídos por los Congresistas. Lo cierto es que en Placilla, en los alrededores de las posiciones Gobiernistas, hemos encontrado en proporción de uno en veinte, fechados con 1890 y 1889. El 95% están datados con marzo de 1891, que corresponden a los llegados a Iquique en julio del mismo año, traídos por los Congresistas.
      
        Las baterías de montaña del ala derecha Gobiernistas, avanzaron cerca de 200 metros por el suave lomaje junto a la infantería que los protegía, usando el antiguo camino que baja en forma paralela al de Caracol, unos 600 metros al poniente de éste.
Por su forma, vista desde el frente, el coronel Estanislao del Canto llamó a la loma con su antiguo sendero,  "La cuchilla" por su apariencia vista de costado.
      
       Dominaba en ese momento la artillería ubicada en el ala derecha Gobiernista, las posiciones de la Primera y Segunda Brigada Constitucional, teniendo ángulo de tiro contra los regimientos que ascendían por la izquierda y derecha del espolón, conteniendo el avance de la Segunda Brigada por el poniente en la Chacarilla y de la Primera por el centro, lugar donde se encuentra hoy la casona de la Quinta Compton.
       En este sector, como sugieren los restos encontrados, había apuro y nerviosismo, con un nivel de ruido ensordecedor. Nadie podía mantenerse en una posición por más de unos minutos sin ser abatido. Los defensores formaron líneas paralelas de defensa bajo los cañones. Los restos de las vainas disparadas, marcan sus posiciones. Se encuentran también abundantes tiros intactos de infantes que caían, desgranados de sus bolsillos y morrales.
       No fue un error táctico bajar la artillería, era la única manera de abrir brecha en las tropas atacantes que estaban parapetadas al pie de la loma a la espera de refuerzos.

       El coronel Estanislao del Canto, en sus Memorias Militares, hace mención a estas posiciones de artillería, considerándolas las más vulnerables de atacar, pero a su vez reconoce que fueron las que más daño hicieron a sus regimientos. Él estaba ubicado a unos 1000 metros al frente, protegido por una loma, desde donde intentaba dirigir la batalla.
          
        La Primera Brigada fue la encargada de iniciar el asalto con las primeras luces del día. Lo hizo al centro de los Gobiernistas, para poco a poco extender sus líneas abarcando casi todo el campo de batalla. Sin poder remontar, resistieron por horas en sus posiciones al pie del cerro, en un frente de tres kilómetros, abarcando todas las ensenadas de bastante fondo, bien protegidas en todo su perímetro por los Gobiernistas.
     
        Tuvo razón el coronel Estanislao del Canto al no querer atacar el centro de las fuerzas Gobiernistas, de hecho la Primera Brigada que lo hizo, no logró remontar la colina. El coronel Körner no sólo envió dos tercios de la Primera Brigada a atacar el centro, sino que además le agregó el regimiento Valparaíso de la Segunda Brigada y distrajo a la Tercera, con fuertes pérdidas, para salvar a la Primera.
         A pesar que la Tercera Congresista logró su objetivo cerca de las diez de la mañana, llegando a la meseta por lo que hoy es el Camino de La Pólvora, pudo haberlo conseguido por el lado contrario, junto a la Segunda Brigada, con la mitad de pérdidas en vidas y no haber expuesto el resultado de la batalla, según el Comandante en Jefe.
         Cuando el coronel Estanislao del Canto fue informado por uno de sus ordenanzas, que la Tercera Brigada, por orden del coronel Emilio Körner, había sido enviada a la derecha, sector opuesto al que la tenía asignada, comenzó a enviar instrucciones para que la caballería de la Segunda Brigada, Guías y Laceros más Húsares, se pusieran en reunión para comenzar el ataque.
         
        El coronel Emilio Körner, que había notado que el regimiento Constitución de la Primera Brigada estaba aislado a la derecha de la subida del Caracol, tuvo que cambiar el plan de ataque, contrariando al Comandante en Jefe. Envió primero al regimiento Tarapacá de la Tercera Brigada como apoyo.      
      Si bien salvó al Constitución, el regimiento Tarapacá perdió la mitad de sus efectivos; el Esmeralda, que lo seguía, perdió un tercio de su tropa antes de llegar a la meseta. Körner ordenó el avance del resto de la Tercera Brigada por el mismo sector, regimientos Pisagua y el Taltal.
        El Esmeralda entró en línea recta por la derecha del Camino de Caracol, para luego girar a la izquierda y cargar directamente contra las fuerzas que lo defendían. La mitad de él se cargó un poco más a la derecha, subiendo por donde hoy pasa el Camino de la Pólvora, silenciando de paso a la artillería de campaña de Concepción.
     Sin reserva y sin vista sobre el ataque que realizaba la Tercera Brigada, por las profundas quebradas a su derecha, y con la Primera y Segunda Brigadas detenidas por una obstinada defensa de las tropas Balmacedistas, el Comandante en jefe coronel Estanislao del Canto, ordenó a la caballería atacar frontalmente las posiciones gobiernistas.
        
         La caballería avanzó por el Camino Real, cruzó el estero de Placilla, giró a la izquierda, recorrió trescientos metros al galope por la planicie, exponiendo su lado derecho a los defensores. Los cerca de 500 caballares tenían un frente de quinientos metros para subir desde la casa actual de la Quinta Compton al poniente. Al llegar a la cuadra de los últimos cañones de la derecha gobiernistas, giraron en línea recta hacia ellos, comenzando a ascender. Compañías de la Segunda Brigada y parte del regimiento Iquique, que eran el ala izquierda de los congresistas, comenzaron a subir rápidamente tras ellos. Ese tramo desde el estero de Placilla hasta donde estaba la artillería, se hace en quince minutos a paso rápido. Con la cabellaría adelante, deben haber tardado ese tiempo en llegar a las primeras explanadas del Alto.
Según el plano de Francisco Garnham, la caballería, estando a unos cien metros de los cañones, volvió a girar a la izquierda, para salir por la retaguardia de ella.
       
       Estos 500 jinetes, poco antes de las diez, estaban por definir la batalla. Ya en la planicie, en el centro del cono, donde hoy está la cancha de fútbol, podían atacar por la retaguardia a toda la artillería y a todo el ejército gobiernista. Tras ellos subió la Segunda Brigada.
       La Tercera, encabezados por el Séptimo de Línea, lo hacía con gran esfuerzo por el actual Camino de la Pólvora. La caballería y el regimiento Chañaral de la Segunda Brigada encerraban a los artilleros del general Fuentes y a los últimos cuerpos gobiernistas que aún no capitulaban en ese sector.
      A juzgar por los restos de casquillos Winchester encontrados, la defensa de los artilleros del coronel Fuentes, fue obstinada, confinados por sus cuatro costados, junto a parte del Segundo de Línea, ubicados en lo que hoy es la parte alta de la Quinta Compton, fueron los últimos en rendirse.
      
      Coinciden los relatos de los historiadores en que el general Barbosa, unos doscientos cincuenta metros a la derecha del camino, no se percató de que la batalla ya estaba perdida, porque desde esa posición, cerca de los cañones, tenía una excelente vista a Placilla y a los senderos que subían desde los pies de la loma, pero no hacia atrás, tapada por una pequeña loma hoy aplanada, dejándolo ciego por tres costados. Sorprendido y acorralado, no debe haber planeado una eventual salida de escape. Si estuvo hasta el final en el sector de la artillería, su cuerpo fue trasladado unos ochocientos metros por el camino Real hasta el cruce con el camino de la Pólvora. El lugar exacto de su muerte es incierto.
        
        El general Alcérreca, a unos mil metros a la derecha del general Barbosa, podía observar como la caballería ascendía por el espolón del cerro que nace en la Chacarilla partiendo desde el cauce del estero de Placilla. La Tercera Brigada, con el Séptimo de Línea a la cabeza, le cerraba el paso por su lado izquierdo, llegando a la Casa de la Pólvora; la Segunda Brigada lo acosaba por su derecha. Retrocedió unos 500 metros por suaves lomajes, buscando el camino de la Pólvora por donde escapar, pero el camino ya estaba tomado. Los cuerpos de ambos generales fueron dejados uno a cada lado del Camino Real, casi en el cruce con el hoy, nuevo camino de la Pólvora por ellos pasó la tropa rumbo a Valparaíso.

       A estas alturas, con tanta información en el campo de batalla, comencé a comprender que necesitaba literatura más especializada. Nuevamente buscando por Internet, encontré y contacté a don Alejandro San Francisco, historiador, profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuya tesis estuvo centrada en la Guerra Civil chilena de 1891, quien tuvo la gentileza de enviarme seis libros relacionados a mi investigación.
         
        En noviembre del 2007 conseguí un plano de la batalla, por intermedio de Jaime Garnham Searle, nieto de don Francisco Garnham Moreno, Ingeniero que participó en la batalla de Concón y Placilla con el grado de capitán agregado, a quien don Salvador Vergara Álvarez encargó proyectar el plano de la batalla con el desplazamiento de las tropas. En él, sobran detalles tácticos, las descripciones son casi fotográficas, mostrando el movimiento de las tropas de acuerdo a la hora y desenlace. Es admirable la cantidad de cerros con nombres de época, senderos y antiguos fundos que existían en los mil ochocientos. Llama la atención el magnífico trabajo manual hecho con tinta de colores. Al observarlo en detalle con lupa, exhibe miniaturas como las ruedas de los cañones, esbozadas sólo con el trazo de una pincelada. Para certificar que lo que ahí está bosquejado corresponde a lo que ocurrió, está la firma del coronel Emilio Körner.
       Con la ayuda de Hans Garrido digitalizamos este plano, lo superpusimos con uno actual del Instituto Geográfico Militar y con un tercero de Google Earth plus. Las coincidencias geográficas son casi exactas. Al agregarle los restos arqueológicos encontrados, marcan el paso de los regimientos, sus avances y retrocesos.
          
          El regimiento Atacama, de la segunda brigada, comandado por el coronel Jorge Boonen Rivera, siendo su Comandante en Jefe el coronel Salvador Vergara, aparece en el plano totalmente desplazado a la izquierda, fuera de la línea de combate, sin buscar el envolvimiento de los gobiernistas por la izquierda. El historiador Francisco Encina, en el capitulo XXV, dice: "El avance de la Segunda Brigada que al fin obedeció la orden, se realizó con extrema lentitud. El Atacama que lo encabezaba, se detenía a cada momento para protegerse en los accidentes que ofrecía el terreno." En descargo del Atacama, que cruzó el estero de Placilla, frente al fundo La Chacarilla, sostengo que tuvo que sortear un terreno plano de unos quinientos metros, sin lugares para refugiarse antes de llegar al estero, con socavones rocosos, cortados a pique, de más de diez metros de profundidad, que al vadearlo, se encontró con el regimiento Iquique encerrado en esta especie de anfiteatro, en una depresión rodeada por los defensores, con fuego sostenido por sus tres costados. Sin espacio, no tuvo más alternativa que seguir a su izquierda buscando el poniente. Tanto fue así, que hemos encontrado bolsones de Mannlicher a 100 metros de la cascada que va a Laguna Verde y mas al Poniente de ella, disparando a objetivos a una distancia superior a 600 metros.

      El Iquique fue obligado a retirarse y oblicuar a su derecha. Dejó una compañía para tomar el cerro del Salto a su izquierda. El Atacama, con sus tropas acorraladas, siguieron su camino al poniente cruzando el fundo Los Perales hasta llegar al antiguo camino que subía desde Laguna Verde desembocando en el Camino de la Pólvora, dejó dos compañías que siguieron la ruta del Iquique, que intentaba escalar el cerro del Salto. El resto entró por la Chacarilla buscando el abrigo de la vegetación de los pequeños esteros. Al final, lo hizo por el lugar más difícil, peligroso y protegido por las fuerzas gobiernistas. Resulta sorprendente que haya sido uno de los regimientos que menos bajas tuvo. Las vainas Mannlicher van marcando su paso.
     
       La artillería de campaña de Concepción, del gobierno, ubicada al lado izquierdo del Camino Caracol, tuvo escasa participación efectiva, excepto por el bombardeo a distancia sobre la artillería Congresista, que estaba en constante movimiento.
        Por su línea de fuego pasó el regimiento Constitución de la primera Brigada, Valparaíso de la Segunda, Tarapacá Número 9 y Esmeralda Séptimo de Línea, el regimiento Taltal y Pisagua de la tercera Brigada, para suerte de estos dos últimos regimientos, los defensores de esa parte, ya habían comenzado a retirase en desorden, dejando abandonadas sus piezas de artillería.   
       La artillería de Campaña del coronel Fuentes, por el contrario, se mantuvo en combate hasta las diez de la mañana. Sus artilleros se trasformaron en infantería, bajando a encontrar las tropas que subían, al no tener ángulo para disparar desde la planicie.
           No hay indicios de rendición en la artillería. Es notable poder comprobar que fueron aniquilados por todos sus flancos. Encontramos ápices de tiros Mannlicher, disparados a corta distancia, (enterrados a veinte centímetros en la arcilla) desde arriba, posición contraria a la Primera Brigada que ascendía de Sur a Norte, y que no cargaba este nuevo fusil, excepto parte Iquique.

          Aquí quedaron unos cien artilleros rodeados, acompañados de algunos soldados de infantería, que no se retiraron, defendiendo los cañones. Pocos deben haber sobrevivido.
        
       Diezmando a las tropas que aún caminaban desconcertadas por la planicie rumbo a Valparaíso, a través de caminos secundarios y quebradas aledañas, la caballería remataba el asalto final. Junto a ella, la Tercera Brigada lo hacía por el lado izquierdo de los defensores y por el centro, por el lado oriente del Camino Caracol defendido por el regimiento Andes y parte del Segundo de Línea, que había bajado de la meseta como retaguardia para pasar a la ofensiva. Los regimientos Pisagua y Taltal de la Tercera Brigada, fueron los últimos en ascender por el ala izquierda Gobiernistas, camino ya despejado por los regimientos Tarapacá y Sétimo de línea de la misma Brigada, que soportaron al grueso de las Tropas del coronel García Videla. La mitad de sus efectivos resultaron heridos.
          A pesar del esfuerzo y sacrificio de la Primera Brigada que alivió el ataque de las dos brigadas de reserva, siendo los primeros en entrar en combate fueron los últimos en llegar a la meseta.

      La sugerencia del sargento mayor Juan Meyerholz, de hacer algunas trincheras, fue desechada por el general Barbosa con cierta razón. Esta batalla sería corta y las posiciones eran demasiado flexibles. Si los atacantes bajaban, había que descender a buscar perspectiva para dominar el pié del cerro, donde todo trabajo de fortificación podría haber sido utilizado en su contra en algún retroceso.

      Sin embargo, la sugerencia de Meyerholz de construir pequeñas fortificaciones en su ala izquierda, por donde subió, el noveno Tarapacá, el Pisagua y el regimiento Taltal a un kilómetro del centro de la batalla, el desenlace podría haber sido otro. Detenida la tercera brigada por una hora, la primera no habría resistido y la segunda brigada hubiese tenido que retroceder por un frente de poca anchura, encerrada por sus tres costados en la izquierda congresista al poniente, no habría podido remontar de haber estado la infantería Gobiernista en sus posiciones. La caballería, sin apoyo, habría sido absolutamente diezmada. La tercera brigada habría tenido que retroceder, corriendo igual suerte la primera.

      Si bien es cierto que las fuerzas Congresistas no siguieron los planes de combate exigidos por su Comandante en Jefe, ni los ordenados por Körner, ya sea por el desconocimiento del lugar por sus comandantes, o por el progresivo abandono de las magníficas posiciones dominantes defendidas por los regimientos Balmacedistas, cerca de las diez y cuarto lograron su objetivo. Muchas heroicas acciones de ambos bandos nunca las conoceremos.

       Después de recorrer el campo de batalla en innumerables ocasiones, en todas sus direcciones, por todos sus lugares, en la mañana muy temprano, por las tardes y por las noches, cuando la tarde pasaba como un suspiro, acompañado y muchas veces solo, en posesión de una preconcebida posición política de los hechos, he terminado por perder esos prejuicios.

       En una suave colina, por donde subió el regimiento Tarapacá, de unos quinientos metros de largo por no más de cincuenta de ancho, defendida por el regimiento Yumbel, Santiago y Valdivia, a mitad de ella, había una trinchera natural. Después de las diez y media de la mañana del día 28 de agosto de 1891, se transformó en una fosa común para ambos bandos. Cerca del camino caracol que sube de Placilla otras mas y en la meseta donde se encuentran bolsones de botones de artilleros, seguramente varias mas.

        Hoy domingo tres de agosto del 2009, cumplo dos años de esta aventura en la que me embarqué por curiosidad. En aproximadamente cien salidas a terreno, conozco casi todas las quebradas del lugar de la batalla, cada árbol que se mantiene de la época, pero queda todavía mucho por descubrir, sin duda mucho más de lo que vislumbré al comenzar.

      Cercano a esta fecha tuve la suerte de ubicar el cerro La Granada, posición más avanzada de los Congresistas al comenzar la Batalla, a exactamente 2.850 metros de la artillería Balmacedista. En él estaba el grueso de la artillería de Campaña, Montaña y sección de Ametralladoras de la Armada con sus  Hotchkiss de 37mm, del ejercito Congresista a las 7.30 AM al iniciarse la batalla. Dije suerte, porque hoy el cerro fue desecho por empresas que guardan contenedores, fabricas y otros, hoy cortado por la ruta 68, frente a la bomba de bencina Shell.
        Junto a Alfredo Delgado, en 2 ocasiones nos dirigimos al lugar, encontramos alguna munición de infantería sin disparar, hebillas y algunas pertenencias de soldados Congresistas, abundantes estopines de artillería disparados, un casquillo de munición Hotchkiss seriado, meses después encontraría un ápice del mismo lote seriado, enterrado e intacto a 50 metros de la artillería Fuentes. El disparo fue realizado a 2.750 metros de su impacto.

         Como su alcance efectivo estaba cerca del límite, las piezas fueron movidas prontamente al cerro del Agua Buena a 1.450 metros Noroeste junto a los nuevos cañones de montaña de 75mm recientemente llegados en Julio a Iquique.
         En nuestra segunda visita al cerro La Granada, logramos encontrar varias proyectiles fragmentadas y anillos de bronce de los granadas disparados por la artillería del coronel Fuentes, quizás, si el primer disparo, echo a las 7.30 del 28 de Agosto de 1891.
   
         Al inicio de la batalla, las fuerzas gobiernistas dominaban el campo de batalla desde la ribera Norte del estero de Placilla, comenzando al oriente, frente al trébol de la ruta 68 cerca al tranque Las Cenizas, hasta el Salto del Agua, 5 kilómetros al Poniente, en todo su margen Norte, llegando las hostilidades, al antiguo camino a Laguna Verde, hoy cuesta Balmaceda en el  fundo Los Perales. En la antigua casona del fundo, fueron encontrados 2 fusiles Mannlicher con sus municiones, estas últimas se encuentran hoy en el museo de Concón.
       
         Aquí están los del Ejército y los de la Marina de Chile, en ambos bandos. Héroes antes de la Batalla, habían sobrevivido a la Guerra del Pacífico, para morir por su país en su propia tierra. Aquí están revueltos, entre piedras y lodo, los buenos y los malos, desde un ordenanza hasta un oficial, todos triunfantes, todos vencedores.

        Jorge Scheggia


 
 
 
 
 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal